Cannabis y cociente intelectual





La polémica sigue sin resolverse, según el trabajo publicado el año pasado en la revista PNAS (ver referencia 1), el consumo habitual de cannabis durante la adolescencia producía una disminución del cociente intelectual en la mediana edad. 

El problema llega este año, con un nuevo artículo de esta misma publicación, donde otro grupo estudia los datos de diferente forma, y comenta que, los resultados publicados previamente, podrían estar incluyendo variables secundarias que enmascaran los resultados del trabajo (ver referencia 2). 

Entre los demás factores que afectan al descenso en el coeficiente intelectual (CI), según señala Ole Røgeberg, economista laboral en el Centro de Ragnar Frisch para la Investigación Económica en Oslo y autor del último artículo, estarían relacionados con el nivel socioeconómico, donde explica que las personas con menor poder adquisitivo tienen un menor acceso a la educación, que conllevaría un menor CI, y no estaría asociado al consumo de cannabis. 

Los datos utilizados en el documento original, provienen del estudio Dunedin, un proyecto de investigación que incluye a un grupo de poco más de 1.000 personas nacidas en Nueva Zelanda en 1972-73, y su seguimiento desde el nacimiento hasta los 38 años. Los datos mostraban que las personas procedentes de entornos con un nivel socioeconómico bajo son más propensos que otros a comenzar fumar cannabis durante la adolescencia, y es más probable que el consumo conlleve una dependencia.

Røgeberg dice que estos efectos, combinados con un menor acceso a la educación, puede generar una “falsa” correlación entre el consumo de cannabis y el cambio en el CI. 

Existen otros trabajos en los que tampoco se encuentra una asociación entre el descenso del CI y el consumo de cannabis (ver referencias 3, 4 y 5). Según señala Røgeberg, estos estudios muestran claras reducciones en el coeficiente intelectual de fumadores con un gran cosumo, pero ésta reudcción del CI no es permanente, ya que las personas que han dejado de fumar no muestran deterioro. 

Madeline Meier, autora del primer artículo mencionado (referencia 1), y psicóloga en el Centro Transdisciplinario de Investigación Preventiva en Durham, Carolina del Norte, dice que las ideas Røgeberg son interesantes. Sin embargo, señala que ellos restringieron su análisis a los individuos en familias de clase media y no incluyeron los que tienen un nivel socioeconómico bajo o alto. 

El resultado sugiere que la disminución en el coeficiente intelectual no puede ser atribuida a factores socioeconómicos sola. En su análisis original, Meier dice que ella y sus colegas controlaron la situación socioeconómica y encontró que en todas las categorías socioeconómicas, el CI de los niños que no eran grandes consumidores se mantuvo sin cambios desde la adolescencia hasta la edad adulta. Por lo tanto, dice, el nivel socioeconómico no influye en declive CI. 

Entonces, ¿cuál es la respuesta?, pues que aún no hay una respuesta clara. 

Es difícil de decir. Ambos análisis estudian los mismos datos de formas diferentes, y cada uno tiene sus pros y sus contras. 

Según sugieren algunos autores, la manera de salir de dudas sería comparar estos estudios con datos de otros países, es decir, aumentar la población muestreada para disminuir el ruido de los experimentos. Así, John Macleod, de la Universidad de Bristol, Reino Unido, señala que Meier y sus colegas reconocieron en su documento original que los resultados podrían ser causados por factores de confusión, y añade que el modelado en papel Røgeberg muestra que dentro de un conjunto de supuestos razonables, esto es posible. 

El debate sigue abierto.
Referencias: 

1.     Meier, M. H. et al. Proc. Natl Acad. Sci. USA 109, E2657–E2664 (2012). 
2.     Rogeberg, O. Proc. Natl Acad. Sci. USA http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1215678110 (2013). 
3.     Farmer, M. E., Kittner, S. J., Rae, D. S., Bartko, J. J. & Regier, D. A. Ann. Epidemiol. 5, 1–7 (1995). 
4.     Fried, P., Watkinson, B., James, D. & Gray, R. Can. Med. Assoc. J. 166, 887–891 (2002). 
5.     Lyketsos, C. G., Garrett, E., Liang, K.-Y. & Anthony, J. C. Am. J. Epidemiol. 149, 794–800 (1999).
6. Pot smokers might not turn into dopes after all. Nature News 14-01-2013. doi:10.1038/nature.2013.12207 

Fuente de Imagen: Wikipedia.org